Ana, Oriol y la piel de mohair en los esquís

Oriol Cardona Coll (L) and Ana Alonso of Spain celebran el segundo puesto en relevo mixto en el Campeonato del Mundo de Esquí de Montaña. EFE/EPA/MAXIME SCHMID

Rita Cardeira

 Madrid, 21 mar (EFE).- Ana Alonso ‘Anita’ y Oriol Cardona son el tándem de moda. Los une el esquí de montaña, un segundo puesto en el ránking mundial y ahora, un billete a los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026, que acogerá por primera vez su disciplina. La fórmula singular para tocar techo: unas pieles de lana de mohair valoradas entre 150 y 200 euros.

La selección de unas buenas pieles y de su preparación puede decidir una carrera, tanto para bien como para mal. Cuanto más deslice la piel, menos fricción habrá con la nieve, más avanzará el atleta y menos energía gastará, explicó a EFE Josep Castellet, director general de Pomoca.

El objetivo es que, con este trozo de piel que va pegado a la suela del esquí con un pegamento de silicona, el atleta pueda subir la montaña sin resbalarse y sin malgastar energía.

Según Castellet, “entre unas pieles de competición y unas pieles de gama baja, un esquiador puede llegar a economizar casi 5 horas de esfuerzo, lo equivalente a 100 gramos de una crema de cacao (600 calorías)”.

‘Mohair’, sinónimo de producto de calidad

Ana Alonso 'Anita' y Oriol Cardona son el tándem de moda. Los une el esquí de montaña, un segundo puesto en el ránking mundial y ahora, un billete a los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026, que acogerá por primera vez su disciplina. La fórmula singular para tocar techo: unas pieles de lana de mohair valoradas entre 150 y 200 euros.EFE/Cedida por POMOCA/Uso Editorial

La lana de mohair es la clave para un producto de calidad. ‘Mohair’ es una fibra procedente del pelo de la cabra de Angora, generalmente conocida como la cabra tibetana, que se destaca por su suavidad y brillo.

Pese a que se trate de una raza doméstica originaria del Asia Menor, estas se pueden encontrar con bastante frecuencia en Sudáfrica, donde se lleva a cabo el proceso de esquilado “por parte de esquiladores profesionales, que además eligen el mejor y más adecuado momento de la temporada para hacerlo de forma a no molestarlas”, dijo Castellet.

Desde el Puerto Elizabeth, en el país meridional, llegan las bobinas de hilo blanco a Europa, donde entonces se inicia el proceso de tejido y ocurre la magia. Aunque se trate de un proceso accesible, su coste se incrementa a raíz de los envíos y el traspaso de los materiales.

Ana Alonso confesó a EFE tener casi una veintena de pieles, lo que supone una inversión de al menos 4.000 euros, si las compra a 200 euros cada una, el precio fijado en el mercado. Y eso sin contar con los restantes imprescindibles de la deportista para dominar la montaña, como las tablas y las botas, que rondan los 600 euros cada, la fijación (unos 400 euros) y los dos bastones de esquí (200 euros).

 “Pieles hay de muchos tipos. Las elegimos y usamos en función de la nieve, si desliza más, si necesito más agarre…además, depende de la facilidad que nos den a la hora de hacer las transiciones, lo de poner y quitarlas”, señaló la esquiadora de 31 años.

Para facilitar la faena de ponerlas, Castellet detalla que lo más importante es que la piel tenga cierta rigidez, lo que hace que la manipulación sea más rápida y sencilla; mientras que para sacarlas la clave está en tener un sistema de enganche elástico en la punta, para poder estirar la piel y, sobre todo, tener un adhesivo que pegue poco para que la piel pueda salir de un solo tirón.

Con la moral por las nubes

España, que cuenta únicamente con la representación de Ana y Oriol en relevos mixtos de esquí de montaña, marcha primera en el ránking mundial, con 290 puntos, seguida de Suiza (262) y Francia (253).

Ambos atletas tienen la moral por las nubes. No solo porque su disciplina será olímpica por primera vez en la historia, sino también porque ya tienen sus boletos, tras proclamarse subcampeones del Mundo hace poco más de 15 días en Morgins (Suiza).

Y eso que entrenan cada uno por su cuenta, a más de 1.000 kilómetros de distancia: Ana desde Sierra Nevada y Oriol desde Font Romeu, en el Pirineo.

“Vivimos muy lejos el uno del otro, pero también es verdad que nunca nos ha afectado. Su rendimiento siempre ha sido una motivación para mí, para mejorar, pulir todos los detalles, aprender de él y tratar de estar a su altura. Eso ha hecho que yo tenga una fe en él. Me transmite mucha seguridad a la hora de competir”, desveló Ana.

La confianza es la base de la relación de Anita y Oriol, que no se dejan deslumbrar por el ‘ticket’ directo a Italia.

“Nos quedan tres carreras hasta el final de la Copa del Mundo todavía. Aunque hayamos conseguido llegar al mayor objetivo, no hay que desconcentrarse, porque la temporada no ha acabado. Vamos a seguir dando lo mejor de nosotros y demostrar en cada carrera el nivel que tenemos”, recalcó la andaluza.