El Atlético reincide en Vitoria

Llorente, durante el partido en Mendizorroza. EFE/Adrián Ruiz

Madrid, 30 ago (EFE).- Desde el verano de 2009, dos años y medio antes de la llegada de Diego Simeone, el Atlético de Madrid no empezaba tan mal LaLiga EA Sports, con dos puntos de nueve, reincidente en Vitoria con una nueva ventaja a favor igualada por su rival, con su cuarta visita seguida sin ganar en Mendizorroza y con las mismas dudas.

“Seguir trabajando, confianza absoluta en mis jugadores, seguramente lo vamos a hacer mejor de lo que lo estamos haciendo y una vez más pudimos haber ganado el partido, pero no tuvimos la contundencia y la eficacia que hay que tener para ganar los partidos. A tener fe, creer en lo que el equipo genera y mejorar cosas que el equipo tiene que mejorar”, expuso el técnico argentino a ‘Movistar’ al término del encuentro.

Simeone pide temple, paciencia y tiempo. No hay temple posible sin una sola victoria, nadie tiene paciencia y no existe el tiempo, menos aún cuando sus rivales más directos sí han empezado con una producción a la altura de las expectativas y el inicio del curso sólo despierta incógnitas en el Atlético, con el matiz (o excusa) de la falta todavía de rodaje.

El foco estaba en la víspera en la defensa, más fiable en Vitoria con la presencia de Clement Lenglet en el centro de la zaga por el perfil izquierdo. Entre las dudas de Matteo Ruggeri (este sábado, más profundo y mejor cuando entró en el partido para la última media hora) surgió la convicción en Lenglet y la polivalencia, la potencia y el momento de David Hancko, que rebajó su rendimiento este sábado, orillado a la banda, más gris.

El único cambio del once de Simeone, aún sin Álex Baena ni José María Giménez y todavía en la construcción de un equipo que, en contraste con el pasado sábado en el 1-1 ante el Elche, quedó en evidencia en ataque en Mendizorroza. Ni Alexander Sorloth, falto de remate por centímetros y de ímpetu, ni Julián Alvarez, tan impreciso como no se le recuerda desde su llegada al equipo rojiblanco hace un año, pero tampoco el colectivo.

No fue simplemente una cuestión individual de los dos delanteros, sino de conjunto, de medio campo hacia adelante en el jeroglífico ofensivo. También de los laterales. Y del medio campo, sin la transición ofensiva que le daba Rodrigo de Paul, a la espera de más constancia en esa destreza de Pablo Barrios, cuyas cualidades son indiscutibles, o de Thiago Almada, mucho más aparente que concluyente durante todo el encuentro.

Hancko apenas subió como se esperaba, apenas hubo noticias en ataque de Marcos Llorente hasta la ofensiva final y Giuliano Simeone insistió por la derecha, sobre todo al principio. De más a menos. Suyo fue el gol del 0-1, apenas en el minuto 6. Un ejercicio de fe. Ganó tres rebotes y marcó el gol con la izquierda.

«Cuatro goles en tres partidos son difíciles de entender»

Sorloth, Llorente y Koke agradecen el apoyo de la afición desplazada del Atlético de Madrid a Mendizorroza. EFE / ADRIAN RUIZ HIERRO

 De nuevo, por tercer encuentro seguido, todos y cada uno en esta campaña, igualó su rival. Lo hizo contra el Espanyol. Perdió 2-1. Lo hizo contra el Elche. Empató a uno. Y lo repitió en Mendizorroza, nivelada su ventaja antes del cuarto de hora por un discutido penalti de Alexander Sorloth que no tuvo duda para el árbitro Víctor García. Carlos Vicente logró el 1-1, como Rafa Mir hace una semana, también instantes después del 1-0.

“La jugada fue muy rápida. Sorloth no lo vio, el chico puso el pie para que pase lo del penalti. No lo achaco al temple esa acción porque fue una acción pasajera. Sí está claro que nos hicieron cuatro goles en tres partidos que son difíciles de entender”, advirtió Diego Simeone.

“Nos están haciendo daño con muy poco. Creo recordar que nada más fue el penal ese que te empatan rápido como también el Elche y te sorprende más”, dijo Giuliano Simeone, el extremo del Atlético. “No es normal que llevemos dos puntos de nueve”, asumió en declaraciones a ‘Movistar’.

El Atlético entró en un atasco permanente con  el 1-1. Indudable la actitud y la insistencia, apenas desbordó a la defensa del Alavés. Ni tampoco de estrategia. A balón parado también necesita ajustes. No le salió ninguna de sus jugadas ensayadas. Sorpresiva la elección, casi todos con saque en corto, la imprecisión relegó cada acción a la nada.

El impulso de Griezmann

Griezmann se lamenta durante el partido. EFE/Adrián Ruiz

 Hasta los cambios de Simeone. Ya en el minuto 73, después del parón por la atención médica a un aficionado en la grada. La entrada de Antoine Griezmann, Conor Gallagher y Matteo Ruggeri fue un impulso en ataque para el Atlético. Sobre todo, por el futbolista francés, que entró al campo de forma diferencial, dispuesto a alterar el encuentro.

Un centro suyo, el mejor de todo el partido en cualquiera de los jugadores de rojiblanco, lo conectó de testa Sorloth (su primer remate de todo el duelo, recién salido Griezmann); una apertura suya abrió otra combinación y una volea en el segundo palo, tras un centro desde la banda derecha, lo repelió el poste. Era el momento del Atlético.

Un centro chut, también de Griezmann, acercó de nuevo al Atlético al segundo gol, despejado a duras penas por Sivera, el sostén del Alavés, que sí sintió la presión y el acecho del equipo rojiblanco entonces.

El último movimiento de Simeone fue Koke Resurrección por Giuliano Simeone y Giacomo Raspadori por Julián Alvarez, lejos de su mejor versión en este inicio de la temporada, sobre todo los dos últimos encuentros.

Aún hizo otra parada Sivera a remate de Raspadori, dentro del monólogo del Atlético, demasiado tarde, insuficiente. Dos puntos de nueve posibles. “Podemos hablar de jugar mejor o no sé qué, pero no tenemos los puntos que deberíamos tener. Es culpa nuestra. Deberíamos hacerlo mejor y hacer más”, concluyó Jan Oblak. Voz más que autorizada.

Iñaki Dufour