Ciudad de Panamá, 30 ago (EFE).- La presencia del flamenco en Panamá se encuentra en alza, y su crecimiento va de la mano del interés por este arte español, la existencia de escuelas de danza y academias que lo enseñan y eventos y festivales con invitados internacionales, como el que se celebra esta semana en el país centroamericano.
Un arte que desde mediados del siglo XX, a través de la diáspora española, ha ido dejando huella en países latinoamericanos como Venezuela, México, Argentina o Brasil, a los que se ha sumado Panamá.
Ha contribuido su incorporación como especialidad en los planes de estudio de las escuelas de danza, así como la existencia, desde hace unos diez años, de cerca de una media docena de academias dedicadas exclusivamente a su difusión, enseñanza y formación de bailaores.
Una de ellas es la Academia Flamenco Panamá, creada en el país centroamericano por la venezolana Paola Tamayo y el profesor y compatriota Fabián González. Licenciada en Artes Escénicas por la Universidad del Zulia, Tamayo fue creadora y directora entre 2009 y 2015 de la Bienal Internacional de Flamenco de Maracaibo.
Ganadora del primer puesto en el Concurso de Sevillanas «Espartinas 2002» en Sevilla – España, Tamayo reconoce que las academias en Panamá «han crecido».
«Hay cada vez más afición, y eso es algo muy bueno, y también vemos las academias de ballet o de danza que incluyen en su currículum de estudios clases de flamenco», dijo a EFE Tamayo.
Recordó que antes nada más había «ballet, había tap, había jazz, había contemporáneo, pero ya están incluyendo dentro de su oferta el flamenco», y apuntó que «eso es un indicador de que hay público que quiere aprender a bailar flamenco y eso es interesantísimo».
Además resaltó que en Panamá «hay restaurantes que de pronto tienen una afinidad o una cocina española que ofrecen tablaos de flamenco, y esto se ve cada vez más. Y en el caso de nosotros -prosiguió-, muchas empresas o fiestas o particulares nos llaman para ofrecer nuestro show de flamencos privados».
«Entonces sí hay una afición que está creciendo, y no solamente por aprender a bailar, sino de público, públicos espectadores que quieren ver show de flamenco», afirmó.
Tamayo se trasladó a Panamá en 2017 por la situación económica y política existente en su país, para inmediatamente al año siguiente fundar la academia, que desde 2023, como parte de su «misión para difundir el flamenco», produce la Panama Flamenco Week.
En su tercera edición, la Panama Flamenco Week concluye este fin de semana con la puesta en escena de ‘Bodas de sangre’, de Federico García Lorca, con la participación como invitado del bailaor español Pol Vaquero, que también impartió talleres en el país abiertos al público, como hicieron otros «maestros» españoles.
Este año la Flamenco Week incluyó una experiencia gastronómica, así como también una exposición con obras de artistas plásticos, escultores, fotógrafos inspiradas en el flamenco.
El flamenco en América

Pol Vaquero, invitado en esta tercera edición del Panama Flamenco Week, dijo a EFE que el flamenco lleva mucho tiempo presente en América, según la experiencia de sus maestros.
«América es un exponente (del flamenco) desde hace muchísimos años (…). Recuerdo de mis maestros que hace 30 o 40 años viajaban mucho a Venezuela, a ciudades de México y otras de Sudamérica, con lo cual el flamenco siempre ha estado presente en esta parte del mundo», señaló.
Vaquero, que halló un «hueco» en su participación como bailaor en la actual gira ‘Universo de Ley’ de Rosario Flores para venir al Panama Flamenco Week, resaltó que Ciudad de México es una de las urbes en las que «desde hace muchísimos años el flamenco ha estado vinculado», al igual que en otras de Brasil.
Y cree que para que el flamenco siga expandiéndose es importante lograr que la gente joven, sobre todo los niños, se inicien en este arte.
«Lo principal para un país es que la gente joven y nueva tengan contacto con el flamenco, que son los que siempre van a enriquecer este arte y van a hacer que tenga continuidad y se pueda expandir», remarcó el bailaor español.
Es lo que le pasó a Paola Tamayo en su Venezuela natal, siguiendo el «enamoramiento» de su madre.
«A mi mamá siempre le ha gustado la danza, el ballet, de hecho ella es periodista y le encantaba cubrir todo el tema de los espectáculos de danza y cuando estaba muy pequeñita, a los 5 años, me matriculó en una escuela de ballet. Y gracias a una amiga en común que tenía a sus hijas en el ballet (…) la llevó a ver una clase de flamenco y mi mamá quedó enamorada», relata Tamayo.
Luego se «enamoró» ella, hasta ahora, hace más de 30 años: «El flamenco cuando llega a uno, llega para quedarse, el arte en sí no conoce de nacionalidades, de fronteras».
Fabio Agrana
