Roma, 3 abr (EFE).- El represor uruguayo Jorge Néstor Troccoli, condenado a cadena perpetua en Italia por sus participación en el Plan Cóndor hace casi cincuenta años, afirmó este jueves que no fue consciente de la existencia de aquella operación represiva y definió sus rol como mera “administración” de inteligencia “antiterrorista”: “No asesiné a nadie”, afirmó en el Tribunal de Roma.
“Mi rol fundamental era como analista de inteligencia. Yo no tenía responsabilidad operativa sino como jefe administrativo para obtener información”, aseguró, respondiendo por primera vez a las preguntas del fiscal de Roma, Erminio Amelio.
Troccoli (Montevideo, 1947) se definió ante la jueza como “capitán de Marina jubilado”, aunque su carrera transcurrió en el Cuerpo de Fusileros Navales (FUSNA) y su centro clandestino de detención de presos políticos durante la dictadura uruguaya (1973-1985).
Valiéndose de su doble nacionalidad, huyó de su país en 2007 para llegar a Italia, donde residió en libertad con su esposa Bettina hasta que tuvo que enfrentarse a la justicia por la muerte o desaparición de italo-latinoamericanos en aquel periodo.
El exmilitar fue absuelto en primer grado en Roma en 2017, pero dos años después del Tribunal de Apelación lo condenó a cadena perpetua, una pena confirmada como definitiva en 2021 por el Tribunal Supremo italiano.
Actualmente cumple condena en Nápoles (sur), a pesar de su avanzada edad, 78 años, y la cardiopatía que padece, según explica a EFE en un receso de la audiencia su abogado, Marco Bastoni.
Troccoli ha salido de prisión para declarar hoy en el juicio en el Tribunal de Roma por el asesinato de otras tres personas: Elena Quinteros, militante del Partido por la Victoria del Pueblo de Uruguay y desaparecida en 1976, y la pareja José Augustín Potenza, argentino, y la italiana Raffaella Filipazzi en 1977.
El condenado escuchó la audiencia desde un recinto acristalado, haciendo de vez en cuando gestos enérgicos a sus abogados, hasta que la jueza le permitió dar su versión desde el estrado, al que llegó con una leve cojera y una carpeta en la mano.
“No soy un delincuente, no soy un criminal y no he asesinado a nadie (…) Soy un hombre solo, sin patria, partido político ni fortunas, un enfermo al final de su vida sin nada que no sea mi mujer, que hoy vive sola en Italia por una tremenda injusticia. No tengo nada que perder”, dijo en una declaración leída en un italiano con acento español.
Luego Troccoli respondió -a veces irritado- a las preguntas que el fiscal le disparaba: “¿Usted conocía el Plan Cóndor?”, le inquirió. “Creía que no existía, lo he descubierto hace pocos años, en 2015, por la prensa. Hasta entonces no pensaba que fuera real”, aseguró.
Dijo no entender cómo podría haber una coordinación represora entre dictaduras cuando, por ejemplo, a finales de los 70 las dictaduras de Chile y Argentina estaban al borde de la guerra por el Canal del Beagle.
Sobre su misión en el FUSNA, dijo que consistía en “combatir el terrorismo” y detener militantes de Tupamaros, del Partido por la Victoria del Pueblo, de Grupos de Acción Unificadora (GAU) o del Partido Comunista.
Troccoli formaba parte del sector Inteligencia del FUSNA, el S2, y recopilaba información bajo el nombre en clave de ‘Federico’ entre los detenidos, todos ellos conocidos por los jueces. Luego estaba el S3, los escuadrones operativos dirigidos por Juan Carlos Larcebeau.
“La S3 planificaba y ejecutaba el arresto. Durante diez días la persona estaba en sus manos. Después había que advertir al juez, que decidía cómo proceder, si poner en libertad al detenido o mandarlo a la cárcel”, subrayó, reconociendo que se vendaba a los reos “por motivos de seguridad”.
En su memoria, “no hubo desaparecidos” entre los detenidos que él interrogó. Este, dijo, era un tema del que se hablaba continuamente y que endosó a “otras unidades participantes en esta lucha y que tenían otra política distinta”.
El represor también se adjudicó la fundación del sistema de la ‘Computadora’, reuniones en las que opositores ‘arrepentidos’ como -apuntó- Fleming Gallo revelaban datos sobre otros disidentes.
Asimismo reconoció que el FUSNA buscó colaborar con organismos represivos de otros países vecinos, como la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), un centro clandestino de torturas de Argentina.
Por eso viajó tres veces a Buenos Aires. “El propósito era saber qué hacían los uruguayos en Argentina y los montoneros en Uruguay”, rememoró.
El exmilitar dijo que, según ha podido saber por la prensa, Elena Quinteros estuvo arrestada en el ‘300 Carlos’, centro de torturas del Ejército uruguayo, mientras que recordó la llegada de Filipazzi y Potenza al centro de detención del FUSNA, aunque rechazó toda implicación en su desaparición, pues aseguró que fueron liberados.
Gonzalo Sánchez