Julen Zubillaga
San Sebastián, 29 ago (EFE).- Hicham Badraoui, un migrante marroquí que vive en la calle, busca a un joven al que rescató del mar en la playa de la Concha de San Sebastián, cuando flotaba inconsciente boca abajo. Ha pasado casi un mes y solo sabe que, a los tres días, el joven estaba vivo con pronóstico reservado.
El 5 de agosto Badraoui (Casablanca, 1986) socorrió a la víctima, la sacó del agua y le aplicó las maniobras de reanimación hasta que llegó la ambulancia.
Desde aquel día Badraoui ha intentando saber qué ha sido de este joven, para lo que el centro de día de Villa Salia -que atiende a personas en riesgo de exclusión- le han cedido un correo electrónico al que puede dirigirse cualquier persona que tenga información sobre la víctima.
«Si el chico sigue vivo, es un buen honor para mí», reconoce Badraoui en una entrevista a EFE. «El problema es que quiero saber», aunque no es muy optimista tras lo sucedido y cree que si el joven siguiera vivo se trataría de un «milagro».
Las últimas noticias se las ofreció la Ertzaintza tres días después del suceso. Le dijeron que el joven que rescató seguía hospitalizado y con pronóstico reservado.
Ante la ausencia de noticias, el centro Villa Salia le ha prestado su correo electrónico (comunitario.villasalia@grupo5.net) para recibir cualquier tipo de información relacionada con el joven.
La dirección lleva una semana disponible para este fin y por el momento ha recibido mensajes de apoyo y gratitud, pero ninguna noticia: «Si alguien tiene información de este chico, que nos cuente porque quiero saber», ha pedido Badraoui.
Antes de vivir en las calles de San Sebastián, Badraoui trabajó como socorrista de piscinas en Beni Mellal (Marruecos) durante 16 veranos, hasta que decidió emigrar.
«En Marruecos no veía mi futuro», explica, «no soy un árbol, puedo viajar y cambiar de sitio, conocer gente y buscar una vida digna. Es mi derecho buscar una vida digna».
Badraoui llegó a España en 2023 proveniente de Tan-Tan, en la provincia marroquí de Beni Mellal. Llegó a Fuerteventura en patera porque «no tenía dinero para hacer un visado» y pasó por Málaga y Salamanca hasta que, recomendado por un amigo, recaló en San Sebastián.
A día de hoy vive en la calle, pero le quedan pocos meses para regularizar su situación. Pensando en el futuro admite que le gustaría volver a ser socorrista.
Hasta la fecha Bradaoui no había visto un caso tan grave: «Era como ver una persona muerta», recuerda al rememorar la tarde del 5 de agosto.
Estaba en las escaleras de la pasarela del Náutico escuchando música cuando, cerca de la orilla, a unos 30 metros de donde estaba, vio un cuerpo flotando boca abajo y, aunque al principio pensó que podía estar entrenando o jugando, cuando pasó un minuto decidió actuar.
Se quitó la camiseta y se lanzó al mar hasta llegar al joven inconsciente. Hasta allí se había acercado otro hombre que le ayudó en el rescate.
Ya en tierra, en las escaleras del Náutico, Bradaoui se dio cuenta de que el joven no respiraba y aprovechó su experiencia como socorrista para intentar reanimarlo con un masaje cardíaco hasta que llegó la ambulancia.
«Cumplí mi deber. Me gusta ayudar, mi sangre es así. Si en una situación se necesita ayuda, yo ayudo», dice Bradaoui.