Buenos Aires, 29 ago (EFE).- Arteba, la feria de arte más grande de Suramérica, inició una nueva edición este viernes en la ciudad de Buenos Aires, donde 67 galerías de diferentes países de la región exponen obras de más de 400 artistas, con la mirada dirigida hacia el mundo desde la capital de Argentina en busca de nuevos mercados y figuras destacadas.
La feria se presenta en su edición 2025 como una «reivindicación del arte como una forma singular del pensamiento, una experiencia profundamente humana que no puede ser automatizada ni replicada», y busca contrastar con la «reconfiguración de nuestras vidas» por parte de la inteligencia artificial y los incesantes avances tecnológicos.
El evento, con sede en un espacio de 11.000 metros cuadrados cercano al Río de la Plata, recibirá hasta el domingo la visita de miles de personas y se plantea como un espacio de encuentro entre artistas, galeristas, curadores, coleccionistas, instituciones y públicos diversos, con un fuerte compromiso en la escena local pero la mira puesta en mayor apertura internacional.
«Creo que es una feria muy local de la región, pero que subió una vara de la calidad muy fuerte y hay muy buenas obras», dice a EFE Orly Bencazar, galerista argentina de gran trayectoria, frente a su puesto de exposición.
En su opinión, el arte argentino enfrenta un problema «irresoluble» a nivel geográfico ya que queda lejos de los centros de influencia global en países del norte, por lo que se ve obligado a redoblar esfuerzos para exportar su producción: «Hay que abrirse en una jungla muy compleja y de mucha competitividad».
El programa de adquisiciones que fomenta la actual edición de Arteba tendrá como participantes a los museos Reina Sofía de Madrid y de Arte Contemporáneo de Barcelona, ambos de España, además del Guggenheim de Nueva York y el Nacional de Lima, Perú, entre otros.
Un puente entre lo local, lo regional y lo global

Juliana Sorondo es venezolana pero su galería se ubica en Barcelona, y contrasta en su opinión con Bencazar: «Desde Latinoamérica creemos que quizás el europeo es un mercado mucho más dinámico y más movido, pero yo siempre he reivindicado el poder que tiene el latinoamericano para adquirir arte».
Sorondo señala un talento particular del público suramericano: «Entendemos de arte político, precisamente por nuestras condiciones y problemas socioeconómicos. Tenemos la sensibilidad de buscar en el arte un refugio, un refuerzo, una búsqueda de identidad, demostrar quiénes somos».
Tanto ella como su compatriota Carmen Araujo, también galerista en Arteba 2025, destacan el «proceso durísimo» atravesado por la escena artística de Venezuela en las últimas décadas.
«Nuestras instituciones han cerrado o mantienen un programa muy particular, las galerías o los espacios privados han tenido que hacer un trabajo brutal para seguir apoyando y difundiendo», comenta.
En paralelo, Araujo resalta una cualidad propia de la relación entre Venezuela y el arte: «Tenemos en el estómago como un ADN con el arte y sorprendentemente se sigue produciendo, ya sean artistas que están en diáspora por el mundo o los que decidieron apostar por quedarse».
En esta edición, en la que se otorgará una extensa lista de premios, la feria cuenta no solo con una sección principal sino también una sección «jóven» bajo el nombre ‘Utopía’ y otra llamada ‘Zona de Diálogo Internacional’, enfocada en fomentar la colaboración e intercambio entre Argentina y la escena internacional y que albergará un programa de charlas sobre «los desafíos, tensiones y posibilidades del arte contemporáneo argentino y latinoamericano en el nuevo marco global».
Juan Eyheremendy, representante en Arteba de la Galería Vermelho de San Pablo, ofrece a EFE un diagnóstico de cómo avanza el movimiento comercial y de influencias que impulsa desde su espacio: acercar el arte latinoamericano al mercado brasileño.
«Si bien Brasil, obviamente, es América Latina, está esa separación entre los brasileños y latinoamericanos», señala sobre esa frontera invisible al interior del continente.
«Las colecciones se latinoamericanizan. Los argentinos compran colombianos, los brasileños compran argentino o mexicano. Veo que hay como una especie de intersección», concluye.
Sebastián Rodríguez Mora
