Naciones Unidas, 28 ago (EFE).- Israel se anotó este jueves una victoria en las Naciones Unidas al lograr -con el apoyo de su más fiel aliado, Estados Unidos,- que el Consejo de Seguridad pusiera fecha final a la misión de cascos azules en el sur del Líbano (FINUL), que comenzará una retirada gradual y durante todo un año a partir del 31 de diciembre de 2026.
El embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, que intervenía ante el Consejo tras votarse la resolución que oficializa la última renovación de la FINUL, se mostró pletórico: «Este es un día histórico», dijo, antes de preguntarse cómo una fuerza que lleva en su nombre la «i» de «interina», ha podido durar 47 años.
«La realidad es que la FINUL ha fracasado en su mandato. Su presencia no ha evitado que Hizbulá (la milicia chií libanesa) siga amasando uno de los arsenales más peligrosos del mundo», dijo Danon sin temor a exagerar.
Israel no ha escondido en ningún momento su deseo de poner punto final a la FINUL, pero necesitaba que un miembro del Consejo de Seguridad trasladara esa voluntad a una resolución, y Francia -la antigua metrópoli y ‘penholder’ en el caso del Líbano- no estaba por la labor. Ha sido el inquebrantable aliado de Israel, Estados Unidos, el que llevó la cuestión al Consejo.
Durante dos semanas, Estados Unidos presionó a todos los miembros del Consejo para acelerar el final de la FINUL, aún cuando la situación en el país árabe diste mucho de estar estabilizada y los planes del Gobierno libanés de desarmar a Hizbulá se presenten como arriesgados.
Un desarme que se anuncia complicado
Está previsto que este próximo martes el Ejército libanés presente ante el Consejo de Ministros del país un plan detallado para completar el desarme antes de final de año, algo a lo que Hizbulá se niega en las actuales circunstancias y que ha hecho crecer los miedos al estallido de un conflicto interno.
Las presiones de EE.UU. a los miembros del Consejo fueron hoy explicadas por el representante de China ante el organismo, Geng Shuang. Según él, fue «la obstinada insistencia de un miembro permanente» la que obligó a poner fin a la misión de paz «en perfecto desprecio de las voces de la gran mayoría del Consejo, de la tensión en el terreno y de la preocupación legítima del Líbano».
Desde Jerusalén, el Gobierno de Israel supo mostrarse agradecido con su gran aliado: «Israel -escribió el ministerio de Exteriores en X- aprecia la postura de Estados Unidos, y en particular la de su secretario de Estado, Marco Rubio, cuyo apoyo fue fundamental para lograr este resultado. El compromiso de Estados Unidos para propiciar un entorno regional más seguro es bienvenido y es importante».
Aun así, el representante israelí ante la ONU quiso dejar claro que su país sigue guardándose una carta, cuando dijo que «Israel hará lo que considere necesario para defender a su pueblo hasta que los acuerdos de alto el fuego sean implementados por completo. Las Fuerzas de Defensa de Israel mantendrán una presencia en cinco puntos estratégicos a lo largo de la Línea Azul (frontera de facto entre Israel y Líbano)», advirtió Danon.
Es decir, el aviso israelí de que mantendrá presencia militar en territorio libanés sin comprometerse a una fecha de retirada, más la reticencia de Hizbula a someterse a un desarme completo hacen pensar que siguen sembradas en el Líbano las semillas de futura inestabilidad. Y que la salida de la FINUL no va a mejorar las cosas.
Javier Otazu