Miguel Martín Alonso
Almería, 2 abr (EFE).- El almeriense Julio Ruiz se ha convertido en el primer bailaor y coreógrafo de flamenco del mundo en ser becado por el Centre National de la Danse (CND) y la Cité Internationale des Arts de París, ciudad en la que trabaja en pro de un flamenco al que “por sí solo” considera un “poder y un milagro”.
Este joven de 31 años, natural de Roquetas de Mar, disfruta de una residencia de tres meses de creación con accesibilidad al tejido profesional francés y a cualquier necesidad que apoye el día a día en el estudio, gracias a esta beca creada por el CND junto a la Cité Internationale des Arts de París.
“Cuando me llamaron para comunicarme que había sido becado, pensaba que sería algún amigo haciendo una broma. Les dije que me llamaran al día siguiente”, confiesa el creador en una entrevista con EFE. “Al ver que era verdad, comencé a llorar. Dedicarse a esta profesión… Ser un coreógrafo joven hace que no sea tan fácil para nosotros como para la gente que tiene un nombre”.
“Conocía el CND, un complejo residencial que ofrece residencias artísticas a gente de todo el mundo desde hace 60 años. Tenía muchas ganas de vivir esa experiencia. Cuando vi que creaban una residencia para coreógrafos junto a la Cité Internationale, me presenté con todo mi portfolio, mi trabajo y el proyecto que quería desarrollar”, revela.
Solo dos personas podían obtener esta beca, que ahora le permite disfrutar de tres meses en París para desarrollar su próximo espectáculo, ‘La Familia’, que se estrenará en Madrid en junio, tras el adelanto que ofrecerá el próximo 24 de abril en la Bienal de Flamenco de Helsinki.
“Esta residencia me lo ha cambiado todo. Me ha reafirmado el camino que tengo que seguir, que es el de la confianza en uno mismo. En el último Open Studio que se celebró tuvimos a ocho programadores de los teatros más importantes de Francia. Eso es muy difícil de conseguir en España, y mucho menos sin saber quién eres”, subraya.
“He estado en clases de clásicos gratuitas todos los días. He tenido una carta para entrar gratis a todos los museos de París; invitaciones a todos los teatros de danza. Todo eso ha repercutido en mi creación”, mantiene.
Valor al flamenco

Ruiz recalca el valor que se da en Francia a lo que allí llaman flamenco “contemporáneo” y que él prefiere calificar como “flamenco presente”, al considerarlo como algo “verdadero, honesto y real”.
“He visto allí muchísimas danzas contemporáneas y es verdad que, especialmente en las contemporáneas, la balanza no está tan equilibrada entre la emoción y lo que se cuenta con la técnica. Hay muchísima más técnica y mucho más dinero, también en la cultura. La escena es mucho más rica”, mantiene.
Algo que le ha llevado a plantearse si su trabajo es “minimalista” o es que “realmente está envuelto en precariedad”, debido a la diferencia de medios con el país galo. Sea como sea, cree que “el flamenco, por sí solo, es ya un poder y un milagro”, ya que “funciona en cualquier parte del mundo y con cualquier ser humano”.
Tal vez por eso le gusta definirse como un bailaor que hace lo que le da la “gana”, que escribe, que ha estudiado creación audiovisual, que lee y que va al cine.
Contar lo cotidiano
“Lo que hago en mis creaciones es contar lo cotidiano, intentar que lo cotidiano pueda ser algo milagroso. Mis referentes están ahí, están en el día a día, están en la cajera de Mercadona, están en mi abuela, están en cualquier limpiadora o en mi madre de casa. Ahí están mis referentes”, dice.
Un buen ejemplo es, precisamente, su proyecto ‘La Familia’, una pieza que integra escritura, danza, performance y flamenco, y que explora las dinámicas familiares inspirándose en tres mujeres emparentadas con el coreógrafo: su madre, su abuela y su tía.
“Nunca entendí la relación entre ellas. De pequeño veía que no era la que tenían otras familias. Me preguntaba por qué era así. Estas tres mujeres tienen una relación que es muy singular y que me apetecía contarla e invocarla a través de mi cuerpo”, dice sobre esta obra que “invita a pensar sobre la identidad, la herencia y el poder de la sangre y los legados emocionales”.