La repetición escolar cae a mínimos, pero hace falta algo más que una estadística

Un grupo de estudiantes vuelve a las clases escolares en Letur (Albacete). EFE/ Manu

Madrid, 29 ago (EFE).- La tasa de repetición escolar ha descendido curso a curso hasta alcanzar un mínimo histórico del 1,1 % en primaria y del 7,0 % en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), aunque hacen falta planes individualizados y reducir el número de alumnos por aula para que este dato sea un verdadero avance en la lucha contra el fracaso escolar y no solo una estadística.

Así lo explican varios profesionales y especialistas consultados por EFE, al hilo de los datos de la última estadística del Ministerio de Educación, correspondiente al curso 2022-23, que reflejan que prosigue la caída de los últimos años, pues en el curso 2021-22, la tasa de repetición se situó en el 2,1 % en primaria y en el 7,6 % en la ESO.

La última ley educativa se aprobó en 2020. Es la Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación (Lomloe), que establece que la repetición debe ser una medida excepcional: en primaria solo se permite repetir una vez, y siempre al final de ciclo (2º, 4º o 6º curso), mientras que en la ESO los alumnos no podrán repetir más de dos veces a lo largo de la etapa obligatoria.

“No basta con bajar la repetición si al mismo tiempo no hay programas de apoyo a los alumnos y a los familiares para prevenir, ayudar y conseguir que se aprenda lo suficiente para terminar las etapas educativas con éxito”, defiende el ex secretario de Estado de Educación y catedrático de Psicología Evolutiva en la Universidad Complutense de Madrid, Álvaro Marchesi.

El catedrático se muestra favorable a la Lomloe, pero insiste en que hacen falta programas específicos que se focalicen en los centros con estudiantes de contextos sociales desfavorecidos o con mayor abandono escolar, que, según él, implicaría “una clara reducción de alumnos por aula, más orientadores, docentes de refuerzo y recursos”.

Además, Marchesi considera necesario “incentivar a los profesores, regular su desarrollo profesional y poner en marcha programas de autoevaluación supervisada voluntaria” que supongan incentivos económicos, especialmente en los centros con alumnado con mayores dificultades.

“Con una clase de 25 o 30 alumnos, haces lo que puedes”

“Los recursos son mínimos y con una clase de 25 o 30 alumnos, haces lo que puedes. En la práctica resulta difícil gestionar ese seguimiento individualizado el curso siguiente (…). Primero, segundo y tercero, quitando casos excepcionales, se va pasando más o menos de curso, y en cuarto de la ESO ya se hace más filtro con alumnos que van a PFI (programas de formación e inserción)”, explica David Fernández, profesor de secundaria en Barcelona con experiencia en la concertada, y actualmente en la pública.

Fernández señala que aunque se intente variar en actividades para adaptarlas a todos los alumnos, es muy complicado que un solo profesor pueda atender a quienes tienen más dificultades o quienes podrían avanzar más rápido porque el tiempo y los recursos son limitados.

“Yo el curso pasado daba 18 horas de clase y tenía el apoyo de un compañero una hora a la semana porque un alumno tenía necesidades educativas especiales y me podía echar una mano con otros, pero para el caso de los repetidores no hay nada similar”, afirma el profesor de Secundaria, quien cree que mientras siga la misma ratio de alumnos difícilmente se podrá estar pendiente de cada caso.

«Si le das más tiempo, pero no cambias cómo se enseña, va a seguir sin aprender»

La catedrática de Psicología Evolutiva en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y colaboradora en leyes educativas como la Logse o LOE, Elena Martín, defiende que cuando un alumno no ha aprendido, no solo es culpa suya, sino también de un sistema educativo que no ha logrado ajustarse.

«Reforzar de manera individualizada no hace que no haya desigualdades, porque siempre las habrá, pero es una cierta compensación que hace de las escuelas un mecanismo de función social más inclusivo», ha asegurado Martín en declaraciones a EFE.

La catedrática defiende que no se repita porque permite al alumno seguir en su grupo y tener unas expectativas más altas.