Washington, 2 abr (EFE).- Desde las islas del Atlántico Sur hasta el corazón de Asia suroriental, un grupo de países y territorios tan dispares como Lesoto, San Pedro y Miquelón, Siria, Irak, Madagascar, Birmania, Sri Lanka, Laos, Camboya, Vietnam y las Malvinas es el más afectado por la imposición de “aranceles recíprocos” anunciados este miércoles por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
La medida, que entrará en vigor el próximo 9 de abril, golpeará a economías ya marcadas por una estructura frágil, dependientes de los recursos naturales, con escasa diversificación productiva, alta informalidad laboral e ingresos per cápita modestos.
Con infraestructuras limitadas y una fuerte exposición a crisis políticas, conflictos o aislamiento geográfico, estos países y territorios concentran sus exportaciones en sectores primarios como la agricultura, la pesca, la minería o los textiles, que ahora se enfrentan a nuevos obstáculos para ingresar al mercado estadounidense.
En casi todos los casos, las exportaciones están dominadas por productos básicos sin mayor valor agregado. Madagascar es líder mundial en producción de vainilla, mientras que Birmania y Camboya dependen fuertemente del sector textil. Lesoto, rodeado completamente por Sudáfrica, exporta principalmente prendas de vestir y diamantes.
Por su parte, San Pedro y Miquelón y las Malvinas basan buena parte de su economía en la pesca, al igual que Sri Lanka en el té y el caucho. Irak y Siria, con capacidades petroleras disminuidas por los conflictos, siguen teniendo en los hidrocarburos su principal fuente de divisas. La aplicación de aranceles a estos productos primarios podría reducir de forma abrupta los ingresos por exportación y desincentivar la inversión extranjera.
A esto se suma un bajo o medio ingreso per cápita que limita la capacidad de estos países y territorios para absorber impactos económicos externos. Aunque Vietnam y Sri Lanka han registrado avances hacia economías emergentes, la mayoría sigue enfrentando altos niveles de pobreza estructural, sobre todo en las zonas rurales.
De hecho, en países como Laos, Camboya o Madagascar, buena parte de la población activa depende de empleos informales o de subsistencia, sin redes de protección social robustas.
La elevada informalidad laboral y la baja productividad hacen aún más vulnerables a estos países frente a medidas comerciales restrictivas. En la mayoría de los casos, las cadenas productivas locales son escasamente tecnificadas, con escasa innovación o acceso a financiamiento.
Una subida de aranceles puede suponer una pérdida directa de empleos, sobre todo en sectores manufactureros intensivos en mano de obra, como los textiles y el calzado.
Otro factor común es la infraestructura deficiente o limitada. Varios de estos países carecen de acceso directo al mar —como Lesoto o Laos— o dependen de ríos o puertos fluviales para transportar sus productos.
Incluso en los casos de islas o territorios insulares, como las Malvinas o San Pedro y Miquelón, la logística comercial es costosa y sensible a cualquier variación de precios o barreras aduaneras. Esto limita su competitividad frente a economías más integradas en los grandes corredores de comercio global.
La mayoría de estos países también arrastra una historia reciente de inestabilidad política, conflictos armados o aislamiento diplomático. Siria, Irak y Birmania (Myanmar) han estado marcados por guerras y sanciones internacionales, mientras que Sri Lanka y Camboya enfrentan crisis institucionales recurrentes.
Esta vulnerabilidad política reduce la capacidad de negociación ante medidas proteccionistas y dificulta la respuesta coordinada frente a nuevas barreras comerciales.
Por último, el escaso grado de industrialización o la falta de diversificación económica hacen que estas naciones dependan de uno o dos productos clave. Esta concentración aumenta su exposición al vaivén de los precios internacionales y, ahora, a la imposición de gravámenes unilaterales como los anunciados por Trump.
Solo Vietnam ha logrado transitar hacia un modelo más complejo, con exportaciones de productos electrónicos y manufacturas ligeras, aunque su margen de maniobra también podría verse afectado si las nuevas tarifas impactan en su cadena de valor regional.
En paralelo, muchos de estos países y territorios dependen de acuerdos preferenciales con potencias o bloques regionales.
Las Malvinas y San Pedro y Miquelón están integradas a las redes comerciales del Reino Unido y Francia, respectivamente; Lesoto se beneficia del acuerdo AGOA (Ley de Crecimiento y Oportunidades para África) con EE.UU.; y Vietnam, Camboya, Laos o Sri Lanka mantienen tratados con China, ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) o la Unión Europea.
Sin embargo, Washington ha dejado claro que ningún acuerdo comercial multilateral eximirá a estos países del nuevo marco arancelario, diseñado —según la Casa Blanca— para restablecer un “trato justo” en el comercio internacional.