Redacción Ciencia, 28 ago (EFE).- Los caballos fueron el principal medio de transporte humano en gran parte del mundo hasta finales del siglo XIX gracias a su fortaleza y fácil doma, pero además hubo una modificación genética que, al cambiar su columna vertebral, los hizo aptos para la monta.
La domesticación de los caballos se produjo hace, al menos, 4.500 años, pero hasta ahora no se conocía el conjunto completo de rasgos biológicos que remodelaron la especie, incluidos los que facilitaron la equitación.
Un equipo encabezado por científicos franceses del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) revisó 262 mutaciones genéticas conocidas por influir en la biología del caballo, en busca de rastros de selección relacionados con las decisiones tomadas por los primeros criadores.
Una mutación clave afectó al gen Gasdermin C (GSDMC), presente en todos los mamíferos. Los investigadores estudiaron los efectos de este cambio en caballos y ratones, que sirvieron como organismos modelo.
La modificación en el gen GSDMC podía cambiar la anatomía del equino y provocaba en los ratones el desarrollo de una columna vertebral más plana, así como la aparición de una mejor coordinación motora.
El equipo descubrió que esa mutación, hasta hace unos 4.200 años muy rara, se volvió repentinamente muy frecuente en el momento de la domesticación, justo antes de que el caballo abandonara su cuna en las estepas del Cáucaso para conquistar toda Eurasia.
La variante específica del GSDMC relacionada con la facilidad de montar pasó de una frecuencia del 1 % a casi el 100 % en la población equina en solo unos cientos de años como resultado de la cría selectiva por parte de los primeros ganaderos.
Una mutación en el gen ZFPM1 habría influido en el comportamiento del animal, haciéndolo probablemente más dócil y receptivo a la interacción humana, lo que sugiere que el adiestramiento fue uno de los primeros pasos hacia la domesticación del caballo, señala el artículo que publica Science.
El estudio destaca otras trece mutaciones seleccionadas en diferentes períodos de la historia. Desde la Edad del Hierro, las prácticas de cría hicieron cada vez más hincapié en el tamaño corporal y la docilidad, mientras que rasgos como el color del pelaje solo se expandieron de forma modesta al principio.
En un artículo que acompaña y explica el estudio, el investigador de la Universidad Ludwig-Maximilians (Alemania) Laurent Frantz destaca que la selección artificial intensa aplicada por aquellos primeros ganaderos requiere una logística sofisticada y un sistema para evaluar el valor genético de cada caballo.
Aunque las circunstancias e identidad cultural de las personas responsables de esta cría temprana e intensiva siguen siendo un misterio, «es evidente que debían de poseer el ingenio, la tecnología y la visión de futuro necesarios».
Esos primeros jinetes iniciaron «una revolución que cambió el mundo, demostrando -destacó- cómo las grandes corrientes de la historia pueden depender de los cambios biológicos más insignificantes».