Una vecina que no pudo salvar a una niña de la dana: “Llevo a cuestas una vida”

Patricia Sánchez Jiménez, vecina de Sedaví, atiende a los periodistas tras declarar como testigo ante la jueza. EFE/Manuel Bruque

València, 3 abr (EFE).- “Llevo a cuestas una vida, no me quiero imaginar 230”, ha dicho este jueves Verónica Vicent sobre la niña de 11 años a la que toda una comunidad de vecinos de Benetússer intentó salvar el 29 de octubre sin conseguirlo, al romperse una cuerda con la que sí pudieron rescatar del agua a la madre y un hermano.

En torno a las 21 horas de ese día, una familia que regentaba el bar situado en el bajo del edificio de Verónica fue sorprendida por las inundaciones -que causaron en Valencia 227 víctimas mortales y una desaparecida-, que llegaron a una cota de 2,20 metros de altura en este establecimiento.

Desde un ventanal, avisados por los vecinos de enfrente, intentaron ayudar a esta familia con una cuerda y una escalera, pero la cuerda se rompió y la niña se cayó al agua y posteriormente fue encontrada en Alfafar, según ha relatado Verónica a los periodistas tras declarar como testigo ante la jueza que instruye la causa de la dana en la Ciudad de la Justicia de València.

Esta vecina de Benetússer ha pedido que la ciudadanía y los responsables aprendan de esta tragedia: “Una losa con la que voy a vivir el resto de mi vida”, ha admitido.

“Le he dicho -a la jueza- que, como todos, hice lo que pude y saqué a más personas, pero yo me quedo con que no pude sacarlas a todas y eso me pesa”, ha relatado.

Y si hubiera tenido “una hora, hubiera podido determinar sacar la escalera primero, sacar las cuerdas, tenía cinturones y material, y no lo pude hacer porque no tuve un tiempo valioso para esas personas, y aún la madre me da las gracias”. “El tiempo es valioso en una emergencia”, ha asegurado.

También ha testificado este jueves ante la jueza Patricia Sánchez Jiménez, vecina de Sedaví, que fue arrastrada por el agua tras poner a salvo a su hija de 2 años en casa de sus padres al ser advertida de la inundación por su cuñada, residente en L’Alcúdia, y no por el mensaje ES-Alert del 29 de octubre de fuertes lluvias cuando en este municipio “no llovía nada”.

“Aquí hay muchos responsables y tienen que pagar por esto, porque se sabía de antemano y habrían evitado muchísimas vidas; daños materiales no, pero vidas sí”, ha manifestado ante los medios.

Patricia, que sufrió un corte en un brazo a causa del arrastre del agua, ha relatado que el día de la dana cerró su cafetería casi a las ocho de la tarde y se fue a su casa, un bajo muy próximo, y entonces recibió una llamada de su cuñada informándole de que L’Alcúdia se estaba inundando y en la que le aconsejaba que llevara a su pequeña a casa de sus padres, que viven en un quinto piso.

Al volver, ya vieron agua. Su marido fue a dejar el coche encima del puente, y ella siguió a pie hasta una avenida que intentó cruzar y se cayó, aunque logró subirse al capó de una furgoneta que arrastró el agua. Varios vecinos dijeron que iban a ayudarla pero no podían llegar, y Patricia intentó apoyarse en otro vehículo pero perdió el equilibrio y fue succionada debajo de un coche.

Ella se agarró como pudo y llegó un momento en que pensó que iba a morir, pero pudo respirar y vio a través de una llanta que había una farola y consiguió salir, pero fue arrastrada de nuevo hasta que pudo ponerse a salvo.

Sobre las 04:00 horas su marido llegó hasta donde estaba ella y permanecieron hasta las siete de la mañana en una residencia de ancianos, hora en que pasó “el primer camión de bomberos”, al que pidieron que parara para llevarse a Patricia, que había quedado herida.

Una vez la dejaron en una de las rotondas, pudieron llegar a su coche y desplazarse hasta el centro de operaciones de Paiporta, donde la enviaron al hospital para curarla del corte, que requirió dos intervenciones quirúrgicas posteriores.