Pekín, 29 ago (EFE).- China inaugura este domingo en Tianjin (noreste) la 25ª cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), a la que acudirán, además del presidente chino, Xi Jinping, los mandatarios ruso e indio, Vladímir Putin y Narendra Modi, en una cita que pondrá a prueba la cohesión del bloque y su capacidad de convertir la retórica en resultados.
Pekín, que prevé que esta cumbre sea la de mayor envergadura desde la fundación del organismo en 2001, ha confirmado la asistencia de mandatarios de Rusia, Bielorrusia, India, Irán, Kazajistán, Kirguistán, Pakistán, Tayikistán, Uzbekistán, además de países observadores como Turquía, Irak, Indonesia, Malasia y Vietnam.
La OCS carece de cláusulas de defensa mutua a diferencia de la OTAN, y se presenta como un foro para la buena vecindad y la cooperación política, económica y en seguridad. Su reto, superar las desconfianzas y ofrecer resultados tangibles.
Mayor coordinación
El viceministro asistente de Exteriores de China Liu Bin afirmó recientemente que la cumbre, que durará hasta el lunes, será «amistosa, unida y productiva» y que impulsará a la OCS a «una nueva fase de desarrollo», caracterizada por «una mayor solidaridad y una coordinación más estrecha».
Según Liu, Xi presidirá las reuniones de jefes de Estado y un encuentro con observadores y socios, con una agenda centrada en seguridad regional, multilateralismo y desarrollo sostenible.
Con la presencia de líderes como Putin, la cita ofrecerá a Xi la oportunidad de ostentar liderazgo ante el Sur Global en un contexto de tensiones con Occidente, según algunos analistas.
Superar la retórica
La OCS cuenta entre sus miembros a China, Rusia, India, Pakistán, Irán, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, cubriendo aproximadamente el 40 % de la población mundial.
Sin embargo, esto implica reunir a países «que no siempre confían ni se llevan bien entre sí, lo que limita su coordinación», explica a EFE el analista de la consultora Trivium Joe Mazur.
«Como en muchos otros agrupamientos del mundo en desarrollo liderados parcial o principalmente por China, las cumbres de la OCS suelen ser prolijas en retórica y escasas en resultados tangibles», agrega.
Para Mazur, serían reseñables «medidas concretas para facilitar comercio e inversión, impulsar la cooperación de defensa, promover la desdolarización o cuestionar la ‘hegemonía’ occidental'».
Mientras, Einar Tangen, presidente de Asia Narratives, indica a EFE que la cumbre «debe ir más allá de la óptica” y «ofrecer resultados» en frentes como seguridad, soberanía económica y infraestructura.
Según Tangen, la OCS tiene entre sus misiones ejercer «un multilateralismo defensivo que proteja a los Estados miembros de cambios de régimen patrocinados desde el exterior», en referencia a Estados Unidos.
El analista destaca el papel que puede desempeñar la OCS como «garante eficaz de la soberanía», aunque señala que «las rivalidades internas, la falta de mecanismos de cumplimiento y las culturas estratégicas divergentes diluyen los consensos».
Deshielo entre China e India
La asistencia de Modi a la cumbre supone su primer viaje a China en siete años, y llega tras meses de deshielo entre ambas potencias desde el choque fronterizo de 2020.
«La visita de Modi marca la culminación del reencuentro de India y China después de cinco años de tensiones», afirma Praveen Donthi, analista del International Crisis Group.
«El deterioro de las relaciones entre Estados Unidos e India por la guerra arancelaria ha dado un impulso adicional a Nueva Delhi y Pekín para recomponer la relación», agrega.
Desde Pekín, la visita también se lee en clave geopolítica: «Es probable que China utilice el viaje de Modi para abrir una brecha entre India y Estados Unidos y presentarse como un ‘socio fiable'», argumenta William Yang, analista del mismo grupo.
Tensiones internas
La India está en el centro de las tensiones internas de la OCS, que incluye a Pakistán, país con el que Nueva Delhi intercambió ataques en abril y mayo.
En junio, la reunión de ministros de Defensa de la organización, celebrada en la ciudad china de Qingdao, finalizó sin una declaración conjunta por desacuerdos sobre terrorismo.
Nueva Delhi, que no firmó el texto final, denunció que algunos países emplean el terrorismo como herramienta política, en referencia a su vecino.
«La OCS es un espejo del mundo multipolar: fracturada, ambiciosa y aún aprendiendo a ejercer el poder», apostilla Tangen, para quien «la postura de Nueva Delhi, inclinarse por el multilateralismo asiático o apostar por el equilibrio con Washington, definirá su trayectoria».